Hace un par de semanas estuve viendo un documental sobre la India en el que visitaban unas cuantas ciudades y se podía ver el estilo de vida de personas con diferente poder adquisitivo. Me sobrecogió de manera significativa la imagen de un hombre de ya edad avanzada que manualmente estaba hilando una alfombra de grandes dimensiones. En ese instante, me paré a pensar que muchas veces cuando en una tienda encontramos un producto elaborado artesanalmente y, por tanto, su precio de venta suele ser un poco más elevado, nos quedamos únicamente con eso. Os preguntaréis, ¿qué tiene que ver todo esto con la visita que realizamos a la Biblioteca de la Universidad Pablo de Olavide? La respuesta es muy sencilla: todo el trabajo que hay detrás, que no vemos e incrementa su valor.
Pues bien, ¿quién no ha entrado en la Biblioteca de la UPO, ha ido derecho a la estantería de turno, ha cogido los libros que le hacían falta para hacer un trabajo o preparar el temario de alguna de sus asignaturas, se ha dirigido al mostrador para formalizar el préstamo y, sin más, se ha marchado? Seguro que nuestra visita a la Biblioteca se ha basado más de una vez en ese sistemático proceso. Sin embargo, hay ocasiones en las que nos brindan la oportunidad de observar las cosas desde otra perspectiva. En este caso, desde las "entrañas" de esta biblioteca universitaria y qué mejor guía que los ojos del bibliotecario.

Es así como pudimos conocer in situ todos los pasos que se siguen desde que se solicita la adquisición de un libro hasta que éste es colocado en la estantería que le corresponde para uso y disfrute de todos los ususarios de la biblioteca. Un proceso con más fases de las que pudiésemos imaginar: hay que adquirir los libros -ya sea por petición o donación; colocar las etiquetas RFID (Identificación por Radiofrecuencia); catalogarlos; ponerles el sello de la Biblioteca y los dispositivos anti-hurto; colocar los tejuelos donde se recogen las signaturas, regladas por la CDU (Clasificación Decimal Universal); etc.Por otra parte, también se hizo referencia a la adquisición y gestión de revistas electrónicas; cómo éstas han de ser adquiridas a partir de suscripciones para un periodo fijado (generalmente un año) y, también, en paquetes con contenidos complementarios que los proveedores "obligan" a adquirir de manera conjunta aunque no todos esos contenidos sean de interés principal de la Biblioteca.
Por último, cabe mencionar el CBUA (Consorcio de Bibliotecas Universitarias de Andalucía), al que ya habíamos hecho referencia alguna vez en clase, y que permite poner al alcance de los ususarios de las Bibliotecas Universitarias de Andalucía todos sus libros. Una relación cada vez más cercana y fluida entre las propias universidades, sus bibliotecas y, por supuesto, sus usuarios.
Sería importante señalar que aunque no he hecho mención a ello hasta este momento, que es evidente el importante papel que juega la informática en la buena marcha de todos estos procesos. ¡Cómo han cambiado las cosas desde que los registros de las colecciones se hacían a mano y en fichas hasta ahora, donde los programas informáticos dominan prácticamente cualquier tarea! Las bibliotecas se han sabido adaptar a las nuevas tecnologías y, evidentemente, siguen haciéndolo ya que ambas (bibliotecas y tecnologías) están constantemente evolucionando.

