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lunes, 17 de enero de 2011

Bibliotecario 2.0

Si el mes pasado hablábamos del decálogo del buen bibliotecario en clave de humor; en este caso, nos ponemos un poco más serios para dar cuenta de un decálogo más real y actual. Como ya hemos visto en otro post, nos encontramos en la era de la Web 2.0. Nadie permanece indiferente a este cambio y las bibliotecas y sus empleados tampoco deben quedarse atrás sino que deben estar a la última para ofrecer los mejores servicios a los usuarios. Así que, tomando como referencia a Deakialli, ahí va el que podríamos decir que debe ser el decálogo de un buen bibliotecario 2.0:
 
  1. Reconoceré que el universo de la cultura informacional está cambiando muy rápidamente y que las bibliotecas tienen que responder positivamente a esos cambios para reforzar los servicios que los usuarios necesitan y quieren.
  2. Me educaré sobre la cultura informacional de mis usuarios y buscaré formas de incorporar lo que aprendo a los servicios de la biblioteca.
  3. No seré paternalista en relación a mi biblioteca, sino que observaré claramente su situación y haré una evaluación honesta de lo que puede ser mejorado.
  4. Seré un participante activo para mejorar mi biblitoeca.
  5. Reconoceré que las bibliotecas evolucionan muy lentamente y trabajaré con mis colegas para fomentar nuestra sensibilidad a que esto cambie.
  6. seré valiente para enfrentarme a la propuesta de nuevos servicios y nuevos modos de mejorarlos, aunque algunos de mis colegas sean reacios.
  7. Mostraré ilusión por los cambios positivos y transmitiré esto a mis colegas y usuarios.
  8. Dejaré de lado las prácticas de antaño si hay un modo mejor de hacerlas, ahora incluso si éstas me parecen muy importantes.
  9. Tendré una actitud práctica y experimental con respecto a los cambios, estando dispuesto a cometer errores.
  10. No esperaré hasta que algo sea perfecto para lanzarlo al público, sino que lo mejoraré continuamente basándome en el feedback del usuario.



Asimismo, también creo que resulta interesante este pdf sobre cuáles deben ser las competencias del bibliotecario digital, publicadas por REBIUN en 2003. Os recomiendo que le echéis un vistazo.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Mendeley: un valioso compañero de trabajo



Hace poco, en el segundo taller práctico de la asignatura, descubrimos en clase una herramienta de trabajo muy interesante y útil  para llevar a cabo una correcta gestión de toda la información y documentación que podemos estar manejando por ejemplo, en nuestro día a día, para los trabajos de la universidad.



Hablamos de Mendeley, una aplicación informática cuya primera característica a destacar podríamos decir que es su carácter gratuito. Es decir, que no es uno de esos típicos programas que o pagamos o solo podemos utilizar durante un período de pruebas. Pero esta no es la única singularidad que presenta, ya que también podemos señalar, entre otros aspectos, su capacidad para:

  • organizar documentos, PDFs, revistas, libros, artículos.
  • estar al tanto de las últimas investigaciones en campos de nuestro interés.
  • generar citas y bibliografías de manera automática.
  • actuar como red social ya que nos permite compartir nuestros documentos y colaborar con otros investigadores.
  • crear anotaciones o subrayados en PDFs.
  • tener acceso, en cualquier momento, a toda nuestra información desde cualquier ordenador con conexión a Internet ya que todo queda almacenado en la Red. Así nos evitamos el tostón de estar intercambiando documentos cada dos por tres vía pen drives.

Para aquellos que os decidáis a hacer uso de Mendeley, antes de nada avisaros que solo está disponible en inglés. Pero no os preocupéis, gracias a esta presentación realizada por Julio Alonso Arévalo, profesor de la Universidad de Salamanca, todo os resultará mucho más sencillo.


Yo, por mi parte, ya he empezado a familiarizarme con el programa y una de las primeras cosas que he hecho ha sido gestionar mi biblioteca particular a través de Mendeley. Así, todos mis libros están organizados y controlados.






  1. Mi biblioteca. El primer paso ha sido crear una carpeta con el nombre "mi biblioteca" en la que voy a guardar el registro de todos mis libros.
  2. Añadir una entrada. Aquí voy guardando todos los datos relacionados con cada libro: título, autor, número de páginas, editorial, etiquetas, ISBN, etc.
  3. El contenido de la carpeta. Esta es la relación de todos los libros que he ido guardando en esta carpeta.
  4. Etiquetas. Aquí aparece una lista con todas las etiquetas que he ido dando a los libros. Así, al pinchar en una de ellas (por ejemplo, "historia"), me aparecen en pantalla los registros de todos los libros que tienen adjudicada dicha etiqueta.

Os recomiendo que os decidáis y lancéis a utilizar Mendeley; agradeceréis todo el trabajo y tiempo que os puede ahorrar.

martes, 7 de diciembre de 2010

Decálogo de todo buen bibliotecario

Hace unos meses, en mi faceta como estudiante, una vez más tuve que realizar un análisis sobre una lectura (seguro que esto os resulta de lo más familiar ya que en la carrera suelen ser bastante habituales las lecturas, recensiones, etc.). En este caso, en concreto, tenía ante mí un artículo de Daniel Solé i LLadós titulado El Museo Inexpugnable: decálogo. En dicho ensayo se exponían, con cierto tono irónico, todos aquellos aspectos que todo museo no debería tener y  que tristemente, en ocasiones, sí poseen en la realidad. 

Tal y como se recogía al final del escrito, éste estaba directamente inspirado en "La Biblioteca de Babel" de Jorge Luís Borges; biblioteca en la cual parece estar inspirada  la  de la abadía benedictina que aparece en El nombre de la Rosa de Umberto Eco. Sorpresa la mía cuando hoy,  "bicheando" por Internet, me encuentro con el Decálogo de todo buen bibliotecario redactado por Umberto Eco y donde, por supuesto, la ironía también se hace patente en cada una de sus palabras. Este decálogo formaba parte de la conferencia que impartió en el Congreso de Bibliotecarios celebrado en 1981 con motivo del 25º aniversario de la Biblioteca Sormani de Milán. Y decía así:


PREMISA: La finalidad de una biblioteca es custodiar los libros e impedir que resulten dañados. Una manera eficaz de conseguir este resultado es imposibilitar que los lectores los toquen; la segunda, y más perfecta, es impedir que lleguen a conocer su existencia. Para ello cabe hacer lo siguiente:




  1. Complicar al máximo los catálogos. Separar premeditadamente los catálogos de autores de los de materias y revistas, disponiéndolos incluso en sals diferentes. Si es posible puede tenerse, por cada catálogo, uno distinto para las adquisiciones anteriores (hasta 1960). Las adquisiciones posteriores se tendrán en una lista aparte, absolutamente inaccesible. La grafía y redacción de los nombres de los autores han de variar de catálogo en catálogo. Por ejemplo, "ChziKovskij" en el moderno y "Tschaikowsky" en el antiguo. El alfabético de materias debe estar redactado según decisión propia del bibliotecario, siguiendo sus peculiares intereses privados. Se debe prohibir que los editores sugieran en la contraportada una relación de los encabezamientos de materia bajo los que el libro debiera ser clasificado.
  2. La signatura debe ser totalmente intranscribible y con muchas siglas, algunas de las cuales deben parecer irrelevantes. Procurar que la papeleta de petición esté redactada de forma imperfecta, de modo que le pueda ser devuelta al lector, obligñandole a rehacerla de nuevo.
  3. El tiempo transcurrido entre la petición y la recepción del libro debe ser muy largo. Las papeletas deben introducirse en una especie de rueda de la fortuna y desaparecer por los subterráneos. Allí serán atendidas de manera arbitraria por subalternos minusválidos. Sería de agradecer alguna extremidad artificial o, mejor, una manga sujeta con un imperdible a la espalda. El subalterno ideal es el que lleva un solo libro en cada viaje. En cualquier caso, es necesario que este subalterno sea completamente incpaz, de modo que al subirse a las escaleras para alcanzar las estanterías más altas consiga precipitar trágicamente decenas de libros al suelo.
  4. Nunca se ha de prestar más de un libro. No debe permitirse que el lector entre en la biblioteca con un libro propio para compararlo con el prestado por la biblioteca. Toda comparación es siempre odiosa. Actuar de modo que los libros solicitados no lleguen jamás a ser llevados a la sala de lectura.
  5. Esforzarse por conseguir una ausencia total de fotocopiadoras. Si ya hubiese, que sean pocas, preferentemente, sólo una, no utilizable por el lector, que se fotocopien pocas páginas, a precio muy caro, después de una larga cola y entregando las fotocpias al día siguiente.
  6. El préstamos de los libros para fuera de la biblioteca debe variarse sistemáticamente de modo que frustre cualquier intento. Conseguir que el préstamo interbibliotecario sea utópico. Impedir que el lector llegue a tener el más mínimo conocimiento de los catálogos de otras biblitoecas.
  7. Los horarios de apertura deben coincidir completamente con los horarios laborales (para conseguirlo, hablar con los sindicatos); sobre todo merece la pena conseguir que las bibliotecas estén cerradas a la hora de comer, por la noche, los sábados y las fiestas de guardar. Hacer lo posible para que, en su tiempo libre, el usuario no se canse leyendo y se dedique al deporte. 
  8. No debe ser posible que el lector pueda reconfortarse con un pequeño refresco en el interior de la biblioteca: el que quiera un café debe salir y al salir devolver todos los libros prestados, de manera que al regresar tengo que repetir todo el proceso de petición.
  9. No debe ser posible encontrarse el mismo libro al día siguiente. Ha de ser imposible saber quién lo tiene prestado en ese momento.
  10. NORMA DORADA: el lector no debe tener acceso, bajo ningún concepto, a las estanterías.

NORMA ADICIONAL: el objetivo primordial es conseguir que la biblioteca permanezca cerrada la mayor parte del año por orden gubernativa.

No quiero ni imaginarme que pudiera llegar a haber una biblioteca que cumpliera este decálogo; sería un verdadero caos a la vez que una gran decepción. Menos mal que nuestros bibliotecarios con el trabajo que desempeñan hacen que estas normas no sean más que una ficción.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Fondo Antiguo de la Universidad de Sevilla

Si el pasado mes de octubre quedé impresionada con nuestra visita a la Biblioteca de la Universidad Pablo de Olavide por el gran trabajo que desarrollan sus bibliotecarios y la cantidad de fases que sigue un libro hasta ser colocado en una estantería para su uso; la visita que teníamos programada para noviembre no iba a ser menos. Lo cierto es que visitar el Fondo Antiguo de la Biblioteca General de la Universidad de Sevilla resultó ser una experiencia enormemente interesante y fascinante.


A las 4 de la tarde, del jueves 11 de noviembre, nos esperaba en la Sala de Investigación Eduardo Peñalver Gómez, director del Fondo Antiguo. Sus primeras palabras estaban orientadas a ubicarnos, brevemente, desde el punto de vista histórico. Es decir, cómo la  Universidad había ido evolucionando desde sus orígenes en el año 1505; unos inicios claramente vinculados al Colegio de Santa María de Jesús fundado por el Arcediano Maese Rodrigo Fernández de Santaella. Parece obvio, por tanto, que el surgir de la Biblioteca guarde una relación directa con el origen de la Universidad; y así es, ya que los primeros libros que albergó fueron donados por el propio Rodrigo. Una biblioteca que con el paso del tiempo fue adquiriendo mayor peso, tanto en cantidad como calidad, debido a las sucesivas donaciones que fueron efectuándose así como por la incorporación de todos los fondos de los centros culturales de los jesuitas tras la expulsión de éstos de Sevilla en el siglo XVIII.



A continuación, nos hizo mención a varios libros de suma importancia entre los que cabría destacar el ABEPI (Archivo Biográfico de España, Portugal e Iberoamerica) y la Bibliografía de autores españoles del siglo XVIII de Francisco Aguilar Piñal.

Ahora bien, la joya de la visita aún nos estaba esperando. Y es que acto seguido entramos en otra estancia donde Eduardo nos brindó la oportunidad de poder disfrutar de auténticas obras de arte. Es así como pudimos deleitarnos con libros que tienen, incluso, más de cinco siglos. Contemplar diferentes tipos de encuadernación: en pergamino, en pasta española, en holandesa, etc. Fijarnos en la minuciosidad y precisión de las letras capitales. La destreza en la elaboración de libros de reducidas dimensiones. La gran cantidad de detalles y claridad de los atlas.





También podríamos destacar el hecho de que al estar contemplando libros de siglos pasados era evidente que el tema de la censura se hiciese patente. Así, pudimos comprobar las diferentes acciones en materia de censura que se llevaban a cabo como, por ejemplo: tachar con tinta el texto a eliminar; colocar un papel encima para ocultarlo o, directamente, arrancando la hoja del libro.

Es indiscutible que todos estos libros tienen una delicadeza excepcional y un valor incalculable y que, por tanto, no sea fácil ni aconsejable el acceso a ellos de manera continuada. Por suerte para todos nosotros, muchos de ellos se encuentran digitalizados lo que permite acercar y hacer partícipes a todos los ciudadanos de la belleza de estas obras. Os recomiendo que visitéis la sección del Fondo Antiguo Digital de la Universidad de Sevilla en http://fondosdigitales.us.es/fondos/busqueda_avanzada/

 


sábado, 27 de noviembre de 2010

Echando la vista atrás

Llueve. Veo como las gotas resbalan por los cristales de la ventana. Llueve. Cada vez con más intensidad. Es uno de esos típicos días de otoño que invitan a quedarse en casa. Quizás, el plan perfecto: sofá, manta, palomitas y una peli. O, tal vez, una tertulia de viejos recuerdos y anécdotas a rememorar. O, a lo mejor, es el momento más acertado para dejar volar la imaginación plasmando pensamientos e ideas en un papel. Bueno, dado el momento en el que nos encontramos sería mejor optar por plasmarlos en nuestro blog.

Es así como echo la vista atrás y recuerdo la primera vez que fui a una Biblioteca Pública de Sevilla; por aquel entonces yo tenía 13 años y estaba cursando 2º de la ESO. Para la asignatura de literatura y en grupos de cinco personas, teníamos que hacer un breve trabajo buscando información sobre la vida y obra de diferentes escritores del llamado "Siglo de Oro" de la literatura española -digo breve porque, evidentemente, la intensidad de contenido y conceptos a tratar a esa edad no es la misma que se maneja en los trabajos universitarios. En fin, que nuestro trabajo se centraba en Lope de Vega y allí que nos fuimos las cinco amigas a la biblioteca.

Decidimos ir a la Biblioteca Pública situada en la calle Alfonso XII, nº 19; los motivos fueron dos: era la que nos pillaba más cerca pues todas vivíamos en el centro y, por otra lado, porque la Biblioteca de la Universidad de Sevilla en el Rectorado era "muy de mayores". Recuerdo que me quedé totalmente sorprendida con la visita. Comparándola con las biblitoecas actuales, aquella era bastante tristona y apagada; sin embargo, como era la primera vez que iba, quedé encantada a la vez que me sentía un poquito más mayor porque los estudiantes que allí había eran de más edad.

Antigua Biblioteca Pública de Sevilla. C/Alfonso XII, 19.

Para aquellos que tuvimos la suerte de conocerla, si nos parásemos un instante a visualizarla mentalmente y analizarla habría muchas cosas que hoy día nos llamarían la atención. Por ejemplo, el lugar en el que estaba ubicada con apenas espacio exterior en el que sus usuarios pudiesen charlar mientras hacían un descanso. La estrecha escalera situada en una esquina que daba acceso al interior. El propio edificio que desde el exterior, a no ser por el letrero, podría pasar por un edificio de pisos cualquiera. Las salas que la conformaban en su interior con poca iluminación (éste es uno de los aspectos que más recuerdo: el aspecto de antiguo y la falta de colorido unidos a una luz tenue que invitaba al recogimiento). Para nada hablar de la existencia de ordenadores en los que consultar el catálogo y, menos aún, recursos electrónicos; lo que abundaba era numerosos ficheros que albergaban las fichas, valga la redundancia, de todos los libros, atlas, diccionarios, enciclopedias, etc. Por aquel entonces lo que se llevaba era tomar apuntes a mano.

Probablemente en el día a día no somos tan conscientes de cómo van evolucionando las cosas pero, cuando echamos la vista atrás, es cuando comprobamos que algunas ya no son iguales o, aún más, que han podido llegar a desaparecer.

Esta biblioteca estuvo abierta hasta 1999, año en que se cerró y sus fondos fueron trasladados a la Biblioteca Pública-Provincial Infanta Elena que entonces era inaugurada y que con el paso de los años se ha convertido en una de las bibliotecas de referencia de la ciudad.




domingo, 21 de noviembre de 2010

Conociendo a fondo la Biblioteca de la UPO

Hace un par de semanas estuve viendo un documental sobre la India en el que visitaban unas cuantas ciudades y se podía ver el estilo de vida de personas con diferente poder adquisitivo. Me sobrecogió de manera significativa la imagen de un hombre de ya edad avanzada que manualmente estaba hilando una alfombra de grandes dimensiones. En ese instante, me paré a pensar que muchas veces cuando en una tienda encontramos un producto elaborado artesanalmente y, por tanto, su precio de venta suele ser un poco más elevado, nos quedamos únicamente con eso. Os preguntaréis, ¿qué tiene que ver todo esto con la visita que realizamos a la Biblioteca de la Universidad Pablo de Olavide? La respuesta es muy sencilla: todo el trabajo que hay detrás, que no vemos e incrementa su valor.


Pues bien, ¿quién no ha entrado en la Biblioteca de la UPO, ha ido derecho a la estantería de turno, ha cogido los libros que le hacían falta para hacer un trabajo o preparar el temario de alguna de sus asignaturas, se ha dirigido al mostrador para formalizar el préstamo y, sin más, se ha marchado? Seguro que nuestra visita a la Biblioteca se ha basado más de una vez en ese sistemático proceso. Sin embargo, hay ocasiones en las que nos brindan la oportunidad de observar las cosas desde otra perspectiva. En este caso, desde las "entrañas" de esta biblioteca universitaria y qué mejor guía que los ojos del bibliotecario.


Es así como pudimos conocer in situ todos los pasos que se siguen desde que se solicita la adquisición de un libro hasta que éste es colocado en la estantería que le corresponde para uso y disfrute de todos los ususarios de la biblioteca. Un proceso con más fases de las que pudiésemos imaginar: hay que adquirir los libros -ya sea por petición o donación; colocar las etiquetas RFID (Identificación por Radiofrecuencia); catalogarlos; ponerles el sello de la Biblioteca y los dispositivos anti-hurto; colocar los tejuelos donde se recogen las signaturas, regladas por la CDU (Clasificación Decimal Universal); etc.


Por otra parte, también se hizo referencia a la adquisición y gestión de revistas electrónicas; cómo éstas han de ser adquiridas a partir de suscripciones para un periodo fijado (generalmente un año) y, también, en paquetes con contenidos complementarios que los proveedores "obligan" a adquirir de manera conjunta aunque no todos esos contenidos sean de interés principal de la Biblioteca.


Por último, cabe mencionar el CBUA (Consorcio de Bibliotecas Universitarias de Andalucía), al que ya habíamos hecho referencia alguna vez en clase, y que permite poner al alcance de los ususarios de las Bibliotecas Universitarias de Andalucía todos sus libros. Una relación cada vez más cercana y fluida entre las propias universidades, sus bibliotecas y, por supuesto, sus usuarios.

Sería importante señalar que aunque no he hecho mención a ello hasta este momento, que es evidente el importante papel que juega la informática en la buena marcha de todos estos procesos. ¡Cómo han cambiado las cosas desde que los registros de las colecciones se hacían a mano y en fichas hasta ahora, donde los programas informáticos dominan prácticamente cualquier tarea! Las bibliotecas se han sabido adaptar a las nuevas tecnologías y, evidentemente, siguen haciéndolo ya que ambas (bibliotecas y tecnologías) están constantemente evolucionando.

martes, 16 de noviembre de 2010

Los libros... ¡a la calle!

 "Books are funny little portable pieces of thought"
(Susan Sontag)


El pasado domingo, en Madrid, 30.000 libros salieron a la calle en busca de ser adoptados por nuevos lectores; eso sí, con la "promesa" de devolverlos después en algún rincón de la ciudad para que los encuentren otras personas. Esa es la esencia del bookcrossing: coger, leer y liberar.




 
Y si apostamos por aunar libros y redes sociales, pues mucho mejor. Es el caso de BookCrossing que te permite seguir el rastro de los libros y saber por dónde viajan; ponerte en contacto con personas que han leído el mismo libro o quién sabe, puede que el tuyo; participar en foros, concursos; etc. Una  original manera de poner en movimiento nuestra estática biblioteca.


Pero me asalta una duda: con el auge que están teniendo cada vez más los libros electrónicos, ¿qué ocurrirá con esta práctica en un futuro próximo? ¿Irá disminuyendo hasta llegar a desaparecer? Lo cierto es que me parece una manera original de "dar vida" a los libros a la vez que permite fomentar la literatura por lo que sería una lástima que esta práctica se perdiera porque tiene su encanto.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Más allá de los libros

Todo en esta vida tiende a verse modificado por diversos factores y evolucionar adaptándose constantemente a los cambios y nuevas tendencias que se van imponiendo. Las bibliotecas no escapan a dichos cambios y desde sus orígenes se han visto implicadas en múltiples de ellos por el propio devenir de las civilizaciones. Es así como la tradicional idea de biblioteca como mero almacén destinado únicamente a conservar cuantos más libros mejor ha ido progresando hasta convertirse en una institución cada vez más dinámica, con nuevos espacios y más servicios; es decir, que se ha ido pasando de una biblioteca donde lo fundamental eran los libros, a una biblioteca donde ahora lo más importante son sus usuarios.

Pues bien, lo cierto es que la biblioteca está vinculada por diversos motivos a otra importante institución al servicio de la sociedad como es el museo. Puede que, a priori, esta asociación nos resulte un poco extraña pero si analizamos el antes y el ahora podremos comprobar cómo estas dos instituciones fueron creadas unidas prácticamente de la mano y con unos mismos fines y cómo en la actualidad, continúan su evolución por un mismo camino. Para entenderlo todo con mayor claridad será necesario ir por partes.

El origen de los museos se halla en el coleccionismo -entendido como el afán de conservar objetos valiosos que den muestra de la ostentación de poder- debiendo remontarnos al Antiguo Oriente para encontrar las primeras muestras de ello. Es en Grecia cuando encontramos el primer "intento" de museo, vinculado a los santuarios consagrados a las Musas. No obstante, la primera vez que se emplea el término aplicándolo a una institución es en Alejandría cuando Ptolomeo I Sóter y su hijo, Ptolomeo II Filadelfo, crean el Museion en torno al año 285 a. C. Y es precisamente, junto a este Museo, cuando se crea una de las grandes bibliotecas de la historia: la Biblioteca de Alejandría (resulta preciso señalar que anteriormente ya habían existido otros intentos de biblioteca pero, es cierto, que la de Alejandría es considerada hoy día como la gran biblioteca de la antigüedad).

 
Reconstrucción Museo de Alejandría


El edificio principal lo constituía el Museo, siendo la Biblioteca un compartimento al servicio de éste. Sin embargo, la grandeza de la biblioteca era tal -contaba con 10 amplias salas para la investigación y llegó a albergar tal cantidad de libros que fue preciso la construcción de crear un anexo cercano- que fue ganando terreno al Museo hasta el punto de que ha sido la Biblioteca la considerada como la gran joya de todo el complejo a pesar de que ésta acabara siendo destruida. A pesar de ello, en el año 2002 fue inaugurada una nueva Biblioteca de Alejandría.

El Museo y, por tanto, la Biblioteca también, fueron concebidos como edificios que otorgasen prestigio a la dinastía Ptolemaica frente al resto de reinos helenísticos. Debemos recordar, al mismo tiempo, que el lugar estaba "disponible" únicamente para los hombres más sabios de la época, pues el acceso a su interior no estaba permitido a todo el mundo.

Desde aquel entonces y a lo largo de toda la historia, estas dos instituciones se han ido desarrollando y han ido modificando la manera de percibirse a sí mismas de modo significativo, dando cabida a nuevos espacios  como por ejemplo, cafeterías; han ido ampliando, mejorando y perfeccionando sus servicios gracias al surgimiento y rápido auge de nuevas tecnologías, etc. Pero, ¿qué ocurre si nos trasladamos al presente? ¿Siguen una andadura conjunta estas dos instituciones?

Si pensamos hoy día en los diferentes tipos de bibliotecas que nos podemos encontrar, seguro que las primeras que nos vienen a la mente son las públicas, las universitarias, las escolares, pero ¿y las de los museos? ¿Alguien habría pensado en ellas como una de las primeras opciones? Yo, personalmente, hasta el año pasado no, que fue cuando cursé la asignatura de Museografía.

La idea que el público, en general, tiene de los museos es de lugares destinados a la conservación y exposición de los objetos "de turno" pero no como centros de investigación. Sus bibliotecas, que se encuentran englobadas dentro del grupo de las llamadas bibliotecas especializadas, juegan un papel fundamental a ese respecto pero no sólo se limitan a fomentar la investigación (tanto para personal interno como para cualquier persona ajena interesada); la labor que desempeñan va mucho más allá. Estas bibliotecas especializadas tienen la misión de facilitar la adquisición, conservación y comunicación de todos los materiales que las integran con fines de estudio, educación, investigación y deleite. Se trata de documentos en relación directa con la temática del museo en cuestión, de alto valor y en ocasiones de difusión restringida ya que no es fácil de conseguir por otras vías; un material en el que podemos encontrar monografías, obras de referencia, catálogos de las exposiciones, publicaciones periódicas, ponencias presentadas en congresos, las actas de conferencias, folletos, tesis doctorales, proyectos de investigación, etc. Evidentemente, además de todo ello, estas bibliotecas juegan también un papel fundamental en la buena marcha del museo y en la consecución de sus objetivos.

Biblioteca Museo Nacional del Prado