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lunes, 17 de enero de 2011

Bibliotecario 2.0

Si el mes pasado hablábamos del decálogo del buen bibliotecario en clave de humor; en este caso, nos ponemos un poco más serios para dar cuenta de un decálogo más real y actual. Como ya hemos visto en otro post, nos encontramos en la era de la Web 2.0. Nadie permanece indiferente a este cambio y las bibliotecas y sus empleados tampoco deben quedarse atrás sino que deben estar a la última para ofrecer los mejores servicios a los usuarios. Así que, tomando como referencia a Deakialli, ahí va el que podríamos decir que debe ser el decálogo de un buen bibliotecario 2.0:
 
  1. Reconoceré que el universo de la cultura informacional está cambiando muy rápidamente y que las bibliotecas tienen que responder positivamente a esos cambios para reforzar los servicios que los usuarios necesitan y quieren.
  2. Me educaré sobre la cultura informacional de mis usuarios y buscaré formas de incorporar lo que aprendo a los servicios de la biblioteca.
  3. No seré paternalista en relación a mi biblioteca, sino que observaré claramente su situación y haré una evaluación honesta de lo que puede ser mejorado.
  4. Seré un participante activo para mejorar mi biblitoeca.
  5. Reconoceré que las bibliotecas evolucionan muy lentamente y trabajaré con mis colegas para fomentar nuestra sensibilidad a que esto cambie.
  6. seré valiente para enfrentarme a la propuesta de nuevos servicios y nuevos modos de mejorarlos, aunque algunos de mis colegas sean reacios.
  7. Mostraré ilusión por los cambios positivos y transmitiré esto a mis colegas y usuarios.
  8. Dejaré de lado las prácticas de antaño si hay un modo mejor de hacerlas, ahora incluso si éstas me parecen muy importantes.
  9. Tendré una actitud práctica y experimental con respecto a los cambios, estando dispuesto a cometer errores.
  10. No esperaré hasta que algo sea perfecto para lanzarlo al público, sino que lo mejoraré continuamente basándome en el feedback del usuario.



Asimismo, también creo que resulta interesante este pdf sobre cuáles deben ser las competencias del bibliotecario digital, publicadas por REBIUN en 2003. Os recomiendo que le echéis un vistazo.

martes, 7 de diciembre de 2010

Decálogo de todo buen bibliotecario

Hace unos meses, en mi faceta como estudiante, una vez más tuve que realizar un análisis sobre una lectura (seguro que esto os resulta de lo más familiar ya que en la carrera suelen ser bastante habituales las lecturas, recensiones, etc.). En este caso, en concreto, tenía ante mí un artículo de Daniel Solé i LLadós titulado El Museo Inexpugnable: decálogo. En dicho ensayo se exponían, con cierto tono irónico, todos aquellos aspectos que todo museo no debería tener y  que tristemente, en ocasiones, sí poseen en la realidad. 

Tal y como se recogía al final del escrito, éste estaba directamente inspirado en "La Biblioteca de Babel" de Jorge Luís Borges; biblioteca en la cual parece estar inspirada  la  de la abadía benedictina que aparece en El nombre de la Rosa de Umberto Eco. Sorpresa la mía cuando hoy,  "bicheando" por Internet, me encuentro con el Decálogo de todo buen bibliotecario redactado por Umberto Eco y donde, por supuesto, la ironía también se hace patente en cada una de sus palabras. Este decálogo formaba parte de la conferencia que impartió en el Congreso de Bibliotecarios celebrado en 1981 con motivo del 25º aniversario de la Biblioteca Sormani de Milán. Y decía así:


PREMISA: La finalidad de una biblioteca es custodiar los libros e impedir que resulten dañados. Una manera eficaz de conseguir este resultado es imposibilitar que los lectores los toquen; la segunda, y más perfecta, es impedir que lleguen a conocer su existencia. Para ello cabe hacer lo siguiente:




  1. Complicar al máximo los catálogos. Separar premeditadamente los catálogos de autores de los de materias y revistas, disponiéndolos incluso en sals diferentes. Si es posible puede tenerse, por cada catálogo, uno distinto para las adquisiciones anteriores (hasta 1960). Las adquisiciones posteriores se tendrán en una lista aparte, absolutamente inaccesible. La grafía y redacción de los nombres de los autores han de variar de catálogo en catálogo. Por ejemplo, "ChziKovskij" en el moderno y "Tschaikowsky" en el antiguo. El alfabético de materias debe estar redactado según decisión propia del bibliotecario, siguiendo sus peculiares intereses privados. Se debe prohibir que los editores sugieran en la contraportada una relación de los encabezamientos de materia bajo los que el libro debiera ser clasificado.
  2. La signatura debe ser totalmente intranscribible y con muchas siglas, algunas de las cuales deben parecer irrelevantes. Procurar que la papeleta de petición esté redactada de forma imperfecta, de modo que le pueda ser devuelta al lector, obligñandole a rehacerla de nuevo.
  3. El tiempo transcurrido entre la petición y la recepción del libro debe ser muy largo. Las papeletas deben introducirse en una especie de rueda de la fortuna y desaparecer por los subterráneos. Allí serán atendidas de manera arbitraria por subalternos minusválidos. Sería de agradecer alguna extremidad artificial o, mejor, una manga sujeta con un imperdible a la espalda. El subalterno ideal es el que lleva un solo libro en cada viaje. En cualquier caso, es necesario que este subalterno sea completamente incpaz, de modo que al subirse a las escaleras para alcanzar las estanterías más altas consiga precipitar trágicamente decenas de libros al suelo.
  4. Nunca se ha de prestar más de un libro. No debe permitirse que el lector entre en la biblioteca con un libro propio para compararlo con el prestado por la biblioteca. Toda comparación es siempre odiosa. Actuar de modo que los libros solicitados no lleguen jamás a ser llevados a la sala de lectura.
  5. Esforzarse por conseguir una ausencia total de fotocopiadoras. Si ya hubiese, que sean pocas, preferentemente, sólo una, no utilizable por el lector, que se fotocopien pocas páginas, a precio muy caro, después de una larga cola y entregando las fotocpias al día siguiente.
  6. El préstamos de los libros para fuera de la biblioteca debe variarse sistemáticamente de modo que frustre cualquier intento. Conseguir que el préstamo interbibliotecario sea utópico. Impedir que el lector llegue a tener el más mínimo conocimiento de los catálogos de otras biblitoecas.
  7. Los horarios de apertura deben coincidir completamente con los horarios laborales (para conseguirlo, hablar con los sindicatos); sobre todo merece la pena conseguir que las bibliotecas estén cerradas a la hora de comer, por la noche, los sábados y las fiestas de guardar. Hacer lo posible para que, en su tiempo libre, el usuario no se canse leyendo y se dedique al deporte. 
  8. No debe ser posible que el lector pueda reconfortarse con un pequeño refresco en el interior de la biblioteca: el que quiera un café debe salir y al salir devolver todos los libros prestados, de manera que al regresar tengo que repetir todo el proceso de petición.
  9. No debe ser posible encontrarse el mismo libro al día siguiente. Ha de ser imposible saber quién lo tiene prestado en ese momento.
  10. NORMA DORADA: el lector no debe tener acceso, bajo ningún concepto, a las estanterías.

NORMA ADICIONAL: el objetivo primordial es conseguir que la biblioteca permanezca cerrada la mayor parte del año por orden gubernativa.

No quiero ni imaginarme que pudiera llegar a haber una biblioteca que cumpliera este decálogo; sería un verdadero caos a la vez que una gran decepción. Menos mal que nuestros bibliotecarios con el trabajo que desempeñan hacen que estas normas no sean más que una ficción.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Conociendo a fondo la Biblioteca de la UPO

Hace un par de semanas estuve viendo un documental sobre la India en el que visitaban unas cuantas ciudades y se podía ver el estilo de vida de personas con diferente poder adquisitivo. Me sobrecogió de manera significativa la imagen de un hombre de ya edad avanzada que manualmente estaba hilando una alfombra de grandes dimensiones. En ese instante, me paré a pensar que muchas veces cuando en una tienda encontramos un producto elaborado artesanalmente y, por tanto, su precio de venta suele ser un poco más elevado, nos quedamos únicamente con eso. Os preguntaréis, ¿qué tiene que ver todo esto con la visita que realizamos a la Biblioteca de la Universidad Pablo de Olavide? La respuesta es muy sencilla: todo el trabajo que hay detrás, que no vemos e incrementa su valor.


Pues bien, ¿quién no ha entrado en la Biblioteca de la UPO, ha ido derecho a la estantería de turno, ha cogido los libros que le hacían falta para hacer un trabajo o preparar el temario de alguna de sus asignaturas, se ha dirigido al mostrador para formalizar el préstamo y, sin más, se ha marchado? Seguro que nuestra visita a la Biblioteca se ha basado más de una vez en ese sistemático proceso. Sin embargo, hay ocasiones en las que nos brindan la oportunidad de observar las cosas desde otra perspectiva. En este caso, desde las "entrañas" de esta biblioteca universitaria y qué mejor guía que los ojos del bibliotecario.


Es así como pudimos conocer in situ todos los pasos que se siguen desde que se solicita la adquisición de un libro hasta que éste es colocado en la estantería que le corresponde para uso y disfrute de todos los ususarios de la biblioteca. Un proceso con más fases de las que pudiésemos imaginar: hay que adquirir los libros -ya sea por petición o donación; colocar las etiquetas RFID (Identificación por Radiofrecuencia); catalogarlos; ponerles el sello de la Biblioteca y los dispositivos anti-hurto; colocar los tejuelos donde se recogen las signaturas, regladas por la CDU (Clasificación Decimal Universal); etc.


Por otra parte, también se hizo referencia a la adquisición y gestión de revistas electrónicas; cómo éstas han de ser adquiridas a partir de suscripciones para un periodo fijado (generalmente un año) y, también, en paquetes con contenidos complementarios que los proveedores "obligan" a adquirir de manera conjunta aunque no todos esos contenidos sean de interés principal de la Biblioteca.


Por último, cabe mencionar el CBUA (Consorcio de Bibliotecas Universitarias de Andalucía), al que ya habíamos hecho referencia alguna vez en clase, y que permite poner al alcance de los ususarios de las Bibliotecas Universitarias de Andalucía todos sus libros. Una relación cada vez más cercana y fluida entre las propias universidades, sus bibliotecas y, por supuesto, sus usuarios.

Sería importante señalar que aunque no he hecho mención a ello hasta este momento, que es evidente el importante papel que juega la informática en la buena marcha de todos estos procesos. ¡Cómo han cambiado las cosas desde que los registros de las colecciones se hacían a mano y en fichas hasta ahora, donde los programas informáticos dominan prácticamente cualquier tarea! Las bibliotecas se han sabido adaptar a las nuevas tecnologías y, evidentemente, siguen haciéndolo ya que ambas (bibliotecas y tecnologías) están constantemente evolucionando.