martes, 30 de noviembre de 2010

Llega el turno de los "librinos"

En el año 1971, Michael Halt impulsaba el Proyecto Gutenberg con el fin de crear una biblioteca digital de acceso y uso gratuito; podríamos decir, por tanto, que éste constituiría el origen del conocido eBook. A partir de entonces, los libros digitales comenzaron un lento desarrollo que poco a poco fue acrecentándose pero, sin duda alguna, ha sido en estos últimos años cuando estos libros han experimentado un extraordinario crecimiento. Y es que tal es el tirón que están teniendo que algunos libros, en su formato digital, han conseguido colocarse entre los más vendidos en sus primeras semanas de venta por delante del formato tradicional.

Evidentemente, las librerías, por su parte, se resisten a que los tradicionales libros se vean asaltados y reemplazados por los electrónicos. Pasar las páginas con el dedo mientras se está disfrutando de un buen libro ¡no tiene que pasar a ser historia! En España, Ediciones B ha sido la primera en reinventar lo tradicional para hacer frente a los eBooks. Ha llegado la hora de los "librinos".


Estos librinos tienen unas características que los hacen realmente atractivos e innovadores. Hablamos de 145 gr. de peso y un tamaño de 8x12 cm. Constan de tapa dura. Su papel es tan fino como el de las biblias, lo que permite que verdaderos "tochos" puedan ser adaptados a este formato. El texto está colocado de forma apaisada. Y todo a un precio de lo más asequible: 9,95 €.

Desde el pasado 24 de noviembre son ya seis los títulos que se encuentran en las librerías: El círculo mágico de Katherine Neville; Entrevista con el Vampiro de Anne Rice; Postdata: Te quiero de Cecelia Ahern; El psicoanalista de John Katzembach; Invierno en Madrid de C. J. Sansom; Africanus de Santiago Posteguillo.

La tirada inicial prevista era de 12.000 librinos por título pero tal ha sido la demanda que se ha aumentado hasta 20.000 ejemplares por título. Parece que no será difícil resistirse a este nuevo formato. 

sábado, 27 de noviembre de 2010

Echando la vista atrás

Llueve. Veo como las gotas resbalan por los cristales de la ventana. Llueve. Cada vez con más intensidad. Es uno de esos típicos días de otoño que invitan a quedarse en casa. Quizás, el plan perfecto: sofá, manta, palomitas y una peli. O, tal vez, una tertulia de viejos recuerdos y anécdotas a rememorar. O, a lo mejor, es el momento más acertado para dejar volar la imaginación plasmando pensamientos e ideas en un papel. Bueno, dado el momento en el que nos encontramos sería mejor optar por plasmarlos en nuestro blog.

Es así como echo la vista atrás y recuerdo la primera vez que fui a una Biblioteca Pública de Sevilla; por aquel entonces yo tenía 13 años y estaba cursando 2º de la ESO. Para la asignatura de literatura y en grupos de cinco personas, teníamos que hacer un breve trabajo buscando información sobre la vida y obra de diferentes escritores del llamado "Siglo de Oro" de la literatura española -digo breve porque, evidentemente, la intensidad de contenido y conceptos a tratar a esa edad no es la misma que se maneja en los trabajos universitarios. En fin, que nuestro trabajo se centraba en Lope de Vega y allí que nos fuimos las cinco amigas a la biblioteca.

Decidimos ir a la Biblioteca Pública situada en la calle Alfonso XII, nº 19; los motivos fueron dos: era la que nos pillaba más cerca pues todas vivíamos en el centro y, por otra lado, porque la Biblioteca de la Universidad de Sevilla en el Rectorado era "muy de mayores". Recuerdo que me quedé totalmente sorprendida con la visita. Comparándola con las biblitoecas actuales, aquella era bastante tristona y apagada; sin embargo, como era la primera vez que iba, quedé encantada a la vez que me sentía un poquito más mayor porque los estudiantes que allí había eran de más edad.

Antigua Biblioteca Pública de Sevilla. C/Alfonso XII, 19.

Para aquellos que tuvimos la suerte de conocerla, si nos parásemos un instante a visualizarla mentalmente y analizarla habría muchas cosas que hoy día nos llamarían la atención. Por ejemplo, el lugar en el que estaba ubicada con apenas espacio exterior en el que sus usuarios pudiesen charlar mientras hacían un descanso. La estrecha escalera situada en una esquina que daba acceso al interior. El propio edificio que desde el exterior, a no ser por el letrero, podría pasar por un edificio de pisos cualquiera. Las salas que la conformaban en su interior con poca iluminación (éste es uno de los aspectos que más recuerdo: el aspecto de antiguo y la falta de colorido unidos a una luz tenue que invitaba al recogimiento). Para nada hablar de la existencia de ordenadores en los que consultar el catálogo y, menos aún, recursos electrónicos; lo que abundaba era numerosos ficheros que albergaban las fichas, valga la redundancia, de todos los libros, atlas, diccionarios, enciclopedias, etc. Por aquel entonces lo que se llevaba era tomar apuntes a mano.

Probablemente en el día a día no somos tan conscientes de cómo van evolucionando las cosas pero, cuando echamos la vista atrás, es cuando comprobamos que algunas ya no son iguales o, aún más, que han podido llegar a desaparecer.

Esta biblioteca estuvo abierta hasta 1999, año en que se cerró y sus fondos fueron trasladados a la Biblioteca Pública-Provincial Infanta Elena que entonces era inaugurada y que con el paso de los años se ha convertido en una de las bibliotecas de referencia de la ciudad.




domingo, 21 de noviembre de 2010

Conociendo a fondo la Biblioteca de la UPO

Hace un par de semanas estuve viendo un documental sobre la India en el que visitaban unas cuantas ciudades y se podía ver el estilo de vida de personas con diferente poder adquisitivo. Me sobrecogió de manera significativa la imagen de un hombre de ya edad avanzada que manualmente estaba hilando una alfombra de grandes dimensiones. En ese instante, me paré a pensar que muchas veces cuando en una tienda encontramos un producto elaborado artesanalmente y, por tanto, su precio de venta suele ser un poco más elevado, nos quedamos únicamente con eso. Os preguntaréis, ¿qué tiene que ver todo esto con la visita que realizamos a la Biblioteca de la Universidad Pablo de Olavide? La respuesta es muy sencilla: todo el trabajo que hay detrás, que no vemos e incrementa su valor.


Pues bien, ¿quién no ha entrado en la Biblioteca de la UPO, ha ido derecho a la estantería de turno, ha cogido los libros que le hacían falta para hacer un trabajo o preparar el temario de alguna de sus asignaturas, se ha dirigido al mostrador para formalizar el préstamo y, sin más, se ha marchado? Seguro que nuestra visita a la Biblioteca se ha basado más de una vez en ese sistemático proceso. Sin embargo, hay ocasiones en las que nos brindan la oportunidad de observar las cosas desde otra perspectiva. En este caso, desde las "entrañas" de esta biblioteca universitaria y qué mejor guía que los ojos del bibliotecario.


Es así como pudimos conocer in situ todos los pasos que se siguen desde que se solicita la adquisición de un libro hasta que éste es colocado en la estantería que le corresponde para uso y disfrute de todos los ususarios de la biblioteca. Un proceso con más fases de las que pudiésemos imaginar: hay que adquirir los libros -ya sea por petición o donación; colocar las etiquetas RFID (Identificación por Radiofrecuencia); catalogarlos; ponerles el sello de la Biblioteca y los dispositivos anti-hurto; colocar los tejuelos donde se recogen las signaturas, regladas por la CDU (Clasificación Decimal Universal); etc.


Por otra parte, también se hizo referencia a la adquisición y gestión de revistas electrónicas; cómo éstas han de ser adquiridas a partir de suscripciones para un periodo fijado (generalmente un año) y, también, en paquetes con contenidos complementarios que los proveedores "obligan" a adquirir de manera conjunta aunque no todos esos contenidos sean de interés principal de la Biblioteca.


Por último, cabe mencionar el CBUA (Consorcio de Bibliotecas Universitarias de Andalucía), al que ya habíamos hecho referencia alguna vez en clase, y que permite poner al alcance de los ususarios de las Bibliotecas Universitarias de Andalucía todos sus libros. Una relación cada vez más cercana y fluida entre las propias universidades, sus bibliotecas y, por supuesto, sus usuarios.

Sería importante señalar que aunque no he hecho mención a ello hasta este momento, que es evidente el importante papel que juega la informática en la buena marcha de todos estos procesos. ¡Cómo han cambiado las cosas desde que los registros de las colecciones se hacían a mano y en fichas hasta ahora, donde los programas informáticos dominan prácticamente cualquier tarea! Las bibliotecas se han sabido adaptar a las nuevas tecnologías y, evidentemente, siguen haciéndolo ya que ambas (bibliotecas y tecnologías) están constantemente evolucionando.

martes, 16 de noviembre de 2010

Los libros... ¡a la calle!

 "Books are funny little portable pieces of thought"
(Susan Sontag)


El pasado domingo, en Madrid, 30.000 libros salieron a la calle en busca de ser adoptados por nuevos lectores; eso sí, con la "promesa" de devolverlos después en algún rincón de la ciudad para que los encuentren otras personas. Esa es la esencia del bookcrossing: coger, leer y liberar.




 
Y si apostamos por aunar libros y redes sociales, pues mucho mejor. Es el caso de BookCrossing que te permite seguir el rastro de los libros y saber por dónde viajan; ponerte en contacto con personas que han leído el mismo libro o quién sabe, puede que el tuyo; participar en foros, concursos; etc. Una  original manera de poner en movimiento nuestra estática biblioteca.


Pero me asalta una duda: con el auge que están teniendo cada vez más los libros electrónicos, ¿qué ocurrirá con esta práctica en un futuro próximo? ¿Irá disminuyendo hasta llegar a desaparecer? Lo cierto es que me parece una manera original de "dar vida" a los libros a la vez que permite fomentar la literatura por lo que sería una lástima que esta práctica se perdiera porque tiene su encanto.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Aprendiendo a bloggear

Aunque son ya varias las entradas publicadas en mi blog, lo cierto es que todas ellas han tomado forma en un primer momento a la vieja usanza, es decir, a base de lápiz y papel. La manera de hacerlas públicas y poder así compartir mis pensamientos y opiniones con todos vosotros es a través del blog para cuya puesta en marcha ha resultado de enorme ayuda y utilidad el primer taller práctico de la asignatura de Biblioteconomía que tuvo lugar el pasado día 20 de octubre.

Algunos compañeros ya sabían moverse con cierta soltura por estos lares pues contaban ya con algún que otro blog en su haber -bien "obligados" por otras asignaturas, bien por intereses personales-; pero lo cierto es que otros compañeros entre los que me incluyo yo, ¡no sabíamos ni por dónde empezar!

Es así como hemos aprendido a crearlo, a cómo trabajar en él, incorporar "adornos" como vídeos, fotografías, calendarios... que  junto a la información que incorporemos hagan de nuestro blog un lugar atractivo e interesante para ser visitado.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Más allá de los libros

Todo en esta vida tiende a verse modificado por diversos factores y evolucionar adaptándose constantemente a los cambios y nuevas tendencias que se van imponiendo. Las bibliotecas no escapan a dichos cambios y desde sus orígenes se han visto implicadas en múltiples de ellos por el propio devenir de las civilizaciones. Es así como la tradicional idea de biblioteca como mero almacén destinado únicamente a conservar cuantos más libros mejor ha ido progresando hasta convertirse en una institución cada vez más dinámica, con nuevos espacios y más servicios; es decir, que se ha ido pasando de una biblioteca donde lo fundamental eran los libros, a una biblioteca donde ahora lo más importante son sus usuarios.

Pues bien, lo cierto es que la biblioteca está vinculada por diversos motivos a otra importante institución al servicio de la sociedad como es el museo. Puede que, a priori, esta asociación nos resulte un poco extraña pero si analizamos el antes y el ahora podremos comprobar cómo estas dos instituciones fueron creadas unidas prácticamente de la mano y con unos mismos fines y cómo en la actualidad, continúan su evolución por un mismo camino. Para entenderlo todo con mayor claridad será necesario ir por partes.

El origen de los museos se halla en el coleccionismo -entendido como el afán de conservar objetos valiosos que den muestra de la ostentación de poder- debiendo remontarnos al Antiguo Oriente para encontrar las primeras muestras de ello. Es en Grecia cuando encontramos el primer "intento" de museo, vinculado a los santuarios consagrados a las Musas. No obstante, la primera vez que se emplea el término aplicándolo a una institución es en Alejandría cuando Ptolomeo I Sóter y su hijo, Ptolomeo II Filadelfo, crean el Museion en torno al año 285 a. C. Y es precisamente, junto a este Museo, cuando se crea una de las grandes bibliotecas de la historia: la Biblioteca de Alejandría (resulta preciso señalar que anteriormente ya habían existido otros intentos de biblioteca pero, es cierto, que la de Alejandría es considerada hoy día como la gran biblioteca de la antigüedad).

 
Reconstrucción Museo de Alejandría


El edificio principal lo constituía el Museo, siendo la Biblioteca un compartimento al servicio de éste. Sin embargo, la grandeza de la biblioteca era tal -contaba con 10 amplias salas para la investigación y llegó a albergar tal cantidad de libros que fue preciso la construcción de crear un anexo cercano- que fue ganando terreno al Museo hasta el punto de que ha sido la Biblioteca la considerada como la gran joya de todo el complejo a pesar de que ésta acabara siendo destruida. A pesar de ello, en el año 2002 fue inaugurada una nueva Biblioteca de Alejandría.

El Museo y, por tanto, la Biblioteca también, fueron concebidos como edificios que otorgasen prestigio a la dinastía Ptolemaica frente al resto de reinos helenísticos. Debemos recordar, al mismo tiempo, que el lugar estaba "disponible" únicamente para los hombres más sabios de la época, pues el acceso a su interior no estaba permitido a todo el mundo.

Desde aquel entonces y a lo largo de toda la historia, estas dos instituciones se han ido desarrollando y han ido modificando la manera de percibirse a sí mismas de modo significativo, dando cabida a nuevos espacios  como por ejemplo, cafeterías; han ido ampliando, mejorando y perfeccionando sus servicios gracias al surgimiento y rápido auge de nuevas tecnologías, etc. Pero, ¿qué ocurre si nos trasladamos al presente? ¿Siguen una andadura conjunta estas dos instituciones?

Si pensamos hoy día en los diferentes tipos de bibliotecas que nos podemos encontrar, seguro que las primeras que nos vienen a la mente son las públicas, las universitarias, las escolares, pero ¿y las de los museos? ¿Alguien habría pensado en ellas como una de las primeras opciones? Yo, personalmente, hasta el año pasado no, que fue cuando cursé la asignatura de Museografía.

La idea que el público, en general, tiene de los museos es de lugares destinados a la conservación y exposición de los objetos "de turno" pero no como centros de investigación. Sus bibliotecas, que se encuentran englobadas dentro del grupo de las llamadas bibliotecas especializadas, juegan un papel fundamental a ese respecto pero no sólo se limitan a fomentar la investigación (tanto para personal interno como para cualquier persona ajena interesada); la labor que desempeñan va mucho más allá. Estas bibliotecas especializadas tienen la misión de facilitar la adquisición, conservación y comunicación de todos los materiales que las integran con fines de estudio, educación, investigación y deleite. Se trata de documentos en relación directa con la temática del museo en cuestión, de alto valor y en ocasiones de difusión restringida ya que no es fácil de conseguir por otras vías; un material en el que podemos encontrar monografías, obras de referencia, catálogos de las exposiciones, publicaciones periódicas, ponencias presentadas en congresos, las actas de conferencias, folletos, tesis doctorales, proyectos de investigación, etc. Evidentemente, además de todo ello, estas bibliotecas juegan también un papel fundamental en la buena marcha del museo y en la consecución de sus objetivos.

Biblioteca Museo Nacional del Prado